
Primero, me gustaría dar las gracias a mis jefes, de los que aprendo tantas cosas, por permitirme trabajar en esta actividad tan lúdica.
Y por último (los dejo al final por ser lo esencial), a estos niños y niñas que me enseñan el espíritu de la inocencia y la alegría que solamente una personita de estas edades tiene, a los que los problemas del mundo ni siquiera los rozan, y para los que el mañana es siempre algo nuevo.
Ha sido todo un lujo par mí. Gracias.